miércoles, 14 de enero de 2009

Victorias amargas...

Cuando digo que no soy de este mundo lo digo con razón, y cuando lo olvido echo la mirada atrás, a la infancia , a esos momentos mágicos que permanecen en una retina cada vez más desgastada por el latir cotidiano.
Quien me conozca más allá del educado saludo sabrá que siempre fui muy competitivo, y no sólo me vengo refiriendo a exámenes cruciales, ni siquiera a objetivos laborales impuestos, por mí o por quien sea, sino también a cosas nimias como llegar antes a la cola del pan, adelantar con la bici a primera hora, terminar primero el café, imaginen… Con el tiempo entendí innecesario tanta prisa por todo, tanto desgaste por simple manía, y mi corazón tornó en latidos más reposados, pero de pequeño era insaciable hasta la extenuación en tan insulso propósito, aliñado con terrones de inocencia que se pisaban a veces, y para muestra un botón, que dicen.
2º de EGB, 8:50 de una fría mañana de otoño, multitud de alumnos en la puerta del colegio a la espera de que abrieran para salir pitando por el patio hasta la puerta de la clase en carrera a muerte, para después formar una fila y entrar al aula, ya ven la recompensa. En aquella carrera había desde zancadillas hasta empujones, eso si no tenías que pisar a alguien que había tropezado justo delante tuya, porque ni te planteabas parar, que allí lo que mandaba era ser primero a costa de lo que fuera. Por supuesto yo estaba metido en todos esos fregaos siempre, pero aquella mañana, el destino, tan cruel, iba a jugármela, y es que llevaba en el bolsillo derecho, no se me olvidará, 500 pesetas que me había dado mi madre, esa moneda gorda, recordarán, para pagar el seguro escolar anual. Un Potosí para esa edad. Pero en aquella carrera que gané debí caerla entre tanto traqueteo de piernas, y cuando me quise dar cuenta, ya en la fila, la había perdido. La angustia fue tal que salí del jaleo de primera hora volviendo sobre mis pasos, desandando el camino, con el fin de encontrarla, sin fortuna. Mi desazón era total, llegué a clase tarde y hablé con la profesora, y cual no sería mi enfado e insistencia que la convencí para ir clase por clase, desde 1º de EGB a 8º, interrumpiendo, para ir preguntando si alguien la había encontrado, y que si la veían que me la dieran. Imaginen el cachondeo general allá por donde iba, pero me daba igual. Evidentemente, no apareció jamás. Pasé las horas sumido en la más absoluta tristeza, recuerdo que no hice ni la tarea, hasta que llegué a casa y mi madre me despreocupó, dejándome más tranquilo. Desde luego, hice lo que pude por recuperarla.
Curiosa paradoja, la victoria más amarga de mi existencia breve, y una enseñanza que perdura, es preferible llegar el último, pero con los bolsillos llenos de monedas, a llegar el primero, y tener que mendigar lo que nadie está dispuesto a darte, y encima aguantar el pitorreo, y si no pregunten en la sucursal más cercana de su Banco…

9 comentarios:

Anónimo dijo...

gracias por escribir el chascarrillo hoy. anda que te ibvan a dar la moneda,jajajaja. besos

Anónimo dijo...

jajaja veo que el chascarrillo que te pedi ayer ha sido concedido..jaja..me he hartado de reir leyendola..habría que verte de pequeño, serías supergracioso...te iban a dar la moneda también, eh?un besote. Cada día me gusta más lo que escribes. Un beso...ya sabes kien soy!

marina dijo...

lo mejor es la paradoja

Mariló dijo...

A mi tampoco me gustaría que perdieras el dinero,pero seguramente sería la primera de la colección de "No te preocupes"a un niño serio y responsable como no había otro.Y que memoria!.Yo tambien lo recuerdo.Que carita!.Un beso.

Anónimo dijo...

jajajajajaj :-)

Anónimo dijo...

no dejes de escribir

Anónimo dijo...

jajjaja, buenísimo, tuvo que ser doloroso perder semejante moneda, porque en aquel entonces un niño podía hacer maravillas con ese dinero!!Aunque mucho no debes de haber aprendido, porque no has dejao de perder cosas desde entonces tontón!!Aunque está claro que la memoria no se te va!!
Besitos guapoooo!!
María VO

kikofen dijo...

jejejeje, es verda, sigo perdiendo cosas, que cabeza!!! jejejeje un beso a todos. es q una moneda de 500 era la leche, ya ves, 3 euros hoy...

Anónimo dijo...

Y al final siempre están ahí esas madres que tienen la virtud de "despreocuparnos" en una abrir y cerrar de ojos de lo que creemos que son las mayores preocupaciones. En verdad todos somos más parecidos que lo que nos creemos serlo.