jueves, 2 de octubre de 2008

Pasear por el centro se puede convertir en toda una aventura si afinas un poquito. Se hace muy agradable el paseo por calles mágicas, que esconden tanto talento como ignominia. Y fue en esas, tomando una cerveza en la calle que baja a la Giralda cuando me dio por acariciar un perro fornido y precioso, de cuello alto y fiel estirpe, ojos miel y pelaje noble, de esos que marcan cánones. Lo llevaba un escolta, decía, de alguien importante, decía no ser suyo, y que valía seis mil euros el chucho na menos, campeón de España de razas, con su correspondiente orejita marcada. En un momento, el personaje que lo llevaba nos dio toda una lección de adiestramiento. "Sit" y el can se sentaba, "dame un beso", y el perrito le relamía. Que para mis adentros pensé, eso lo hace también el chucho de mi hermana y no es famoso... La cosa es que el hombre, que decía ser facha y ultra, se nos quedó alli en media acera un rato, sobrepasando esa delgada línea de la incomodidad... Y a todo esto pensé, mierda de mundo, hasta los perros son racistas.... por nuestra culpa.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

hacemos que los perros sean racistas, hasta donde llevamos nuestra historia.marina

María dijo...

Es cierto, pero yo no soy racista, sin embargo mi perro(Xiko)ladra a toda persona que el considere "rara". Y la verdad es que me deja en muy mal lugar el joío...

Anónimo dijo...

ya, me refiero a que trasladamos el racismo al nivel de los perros haciendo concursos de raza, que duro.marina

Malber dijo...

Sólo tienes que ver que hay menos perros que pasan hambre que personas, y muchos más perros que viven mejor que tú y que la mayoría de los humanos.
Yo también soy racista; odio a la raza humana. Su inferioridad se hace patente en aquellos personajillos que se creen superiores al resto, como tu "amigo" el facha, por tener de esclavo a su perro de 6.000 pavos.
Guapos como monos, leales como felinos y sensibles, como seprientes. Así somos.