lunes, 30 de noviembre de 2009

Con un canto en los dientes...

A la Universidad Hispalense le han concedido un año más el sello de calidad y excelencia, con acto entrañable incluido, en el Aula Magna. Pero más emocionante sería si no aparecieran por aquellos lares los mismos de siempre, los políticos, y es que hay guerras perdidas de antemano, pero intentaré hacer una crónica breve de lo que me tocó presenciar, y todo por darme un garbeo para arreglar unos papeles en las oficinas que lindan con esa facultad. Haré hoy de reportero al uso, todo sea por los lectores y mi desahogo…
Los generales por delante, resguardados a los flancos por la guardia pretoriana incansable, batida en pocas batallas pero con la solapa luciendo plata a mansalva, engañados a base de diplomas y falsos reconocimientos.
A los lados curiosos plebeyos y estudiantes murmurando alabanzas e improperios, según le fuera la copla, fascinados todos por tal marcha militar ante sus narices, aunque los mismísimos fastos del cortejo proviniesen de su bolsillo, roído de tanta desvergüenza ajena y no pocos desfalcos.
Entre tanto, discursos y peloteo, gestos de mentira, con callos en las manos de manejar las huestes ajenas con poco oficio y mucho beneficio, buscando entre la muchedumbre la sonrisa cómplice de alguna muchacha dispuesta a favores de catre furtivo, por aquello de hacer valer la erótica del poder o lo que ustedes quieran…
Allá van aliñados hasta la cepa de notoriedad y poderío, estrechando la mano del que se cruce, con la misma naturalidad con la que alzan su sable de tercera ante cualquiera que ose toser tal circo. Desconocen honores y nobleza, palabras huecas de sentido, aunque escritas en oro en las tiras que adornan su bandera, trapo manido en manos de los mismos cuando el foco alumbra para otro lado.
Entre tanto pingoneo, la banda de música viste de sonrisas viandantes en despiste que coinciden en el tiempo con tal comitiva, disponiendo para el abrazo mentiroso y promesas imposibles de cumplir.
Y cuando toca, mucho truco y no menos trato, regusto por la cocina y por lo que se cuece. Aficionados a la cuchara y al pasteleo, unidos por sobremesas bañadas en demagogia y educada hipocresía.
Cada año el mismo pitote, a últimos de Noviembre, cuando el frío arrima, el mismo juego desconsiderado perpetrado por políticos a la puerta del Rectorado para celebrar dios sabe qué… Y el que les narra, ensimismado, absorto por el sainete aplaudido. Son ellos, personalidades que ocupan escaños y cargos electos, concejales y Juntas de Gobierno de vaya usted a imaginar, la misma jugada de parafraseos ante un micrófono para repetir la cantinela de qué guapos somos y cuánto de encantados de habernos conocido. Lo mismo todos los años por estas fechas,que hay cosas que nunca pasan de moda. Pero esta vez, si cae usted, político, en estas letras huérfanas de intereses, no lo quiera el destino, sabrá, mientras se embadurna del afecto del populacho, lo que a servidor pasa por la mente cuando pasea el palmito como antes dije. Y Será entonces, si guarda algo de decencia en sus cerones, que bajará la mirada, pasará el mal trago, y seguirá su camino. Y ya con eso, viniendo de quien viene, me daría yo, iluso, con un canto en los dientes…

Terapias a 10 euros...

Esta semana quiero empezar con un anuncio. Como sabe el que más y el que menos, después de batallar mucho con editoriales y diseños de página, tengo en mi poder mi primer libro como autor. Un sueño hecho realidad, con mucho esfuerzo detrás y cientos de horas robadas al sueño para no dejar morir la terapia. De ahí que venga a reclamaros. Quisiera que conocierais la situación actual de mis letras y mi bolsillo. Para resumiros, a día de hoy, al no poder acudir a medios publicitarios para promocionar el libro, por motivos obvios, me está costando el dinero sacar adelante las copias que he solicitado a la editorial. Es por eso que demando vuestra ayuda, si os sentís atraídos por mis líneas o si os mueve la solidaridad por un autor que empieza, a hablarles de mi obra a amigos, cuñados, hermanos, novios, o lo que ustedes quieran. De esa manera tendré la posibilidad de que mi obra no me haga aún más pobre de lo que soy, que no es poco. Además, y como muchos sabéis, esta primera edición no es otra cosa que un medio para un fin, una forma de presentarme ante el mundo y las personas para preparar mi primera novela, proyectada tras mi viaje a lo largo del Guadalquivir, para la primavera que viene. En definitiva, que le estaré eternamente agradecido a quien se haga de este primer libro, que se me puede solicitar en cualquier momento al precio de diez euros, tres euros más barato que cuando salga en ciertas librerías. Hagamos de Escritura Como Terapia un lugar de encuentro, un recuerdo en forma de libro de alguien que alguna vez sonrió con mis letras o se emocionó con alguna historia. Por mi parte, tendrá mi eterna gratitud y, por supuesto, una humilde dedicatoria, pero sobre todo, les aseguro que sentirán como propia la fuerza de una pluma que está empezando y que no les va a defraudar, por mucha dedicación y esfuerzo que tenga que echarle. Esta vez si depende de vosotros...

jueves, 26 de noviembre de 2009

Robarnos la Sonrisa...

Hoy, mientras esperaba en la cola del pan, dos marujonas me deleitaron, con todo lujo de detalle, sobre el yerno de un vecino de un amigo que pasaba por allí que, por lo visto, había entrado en la casa de una familia a robar y se terminó llevando, además del mobiliario pertinente, a la mismísima señora de la casa, me explico… La cosa fue que, al parecer, todo había sido una conspiración entre amantes para que, el ladronzuelo y la dueña de la casa, antes de darse las de Villadiego juntos y revueltos, pillaran cacho dentro de lo posible para ir tirando, visto que, tras firmar los papeles del divorcio, no les quedarían mucho donde rascar. Imaginen la cara del cónyuge despistado cuando la policía le descubrió el pastel que tenía ante sus narices. A eso llamo yo entrar a robar, desde luego…
Mientras volvía, me quedé pensando en la historia de las marujas, dándole vueltas. Caí en la cuenta de que eso de robar nunca se me daría del todo bien, y recordé la única vez que metí la mano en huestes ajenas; para mondarse, cuanto menos. Tendría yo 6 años, no más, y los domingos tenía costumbre de pedir la paga, cien de las antiguas pesetas, y emprender camino, todo recto, desde mi casa, la del pueblo, y el kiosco de Paco, en la Plaza. Allí siempre coincidíamos una jauría hiperactiva de pequeñas personitas dando la tabarra al tal Paco, un hombre entradito en años que aguantaba con hermosa paciencia el –dame un chicle, bueno no, bueno sí… de menta dos, de fresa uno,¿ tengo bastante?. En esas, Paco resoplaba y se daba la vuelta para alcanzar la dichosa golosina, dejándose el espinazo por cada petición de los presentes. Recuerdo que sobre de la barra había una cajita repletita de piruletas, de esas rojas, pidiendo a voces que le echáramos mano y saliéramos corriendo, como muchos hacían, sin que Paco se percatase, pero yo, por más que la ansiara, no reunía el arrojo suficiente para hacerlo, aunque no sería así siempre…
El día que les vengo a relatar fui pensando maneras de hacerme con el botín durante todo el camino de ida, fuera como fuera, pero, a medida que me acercaba al lugar del crimen, los sudores y los nervios eran cada vez más patentes. Aún así, ya detrás de la barra de Paco, aprovechando que giró la cabeza para otro menester, me armé de valor y, con un gesto torpe, me eché al bolsillo una de esas hermosas piruletas rojas, mientras mis ojos se abrían como platos, imagino, y mi cara gritara a los cuatro vientos la inocente desfachatez para con ese buen hombre y su negocio…
Jamás me olvidaré del trayecto de vuelta a casa, mirando la piruleta entre mis manos, con la conciencia sucia y la lágrima saltada. Fue cuando, a mitad de calle, decidí salír corriendo para el kiosco de nuevo; con vergüenza torera me asomé, comprobé que andaba en otras cosas y puse la vil chuchería donde la había sustraído minutos antes. Me mezclé entre los demás niños y salí pitando para casa, como Dios manda, que diría aquel. Ahí empieza y acaba mi pulcro historial delictivo, por lo que pueden imaginar lo lejos que me queda la historia de las marujonas, proeza imposible para el que les habla, ni siquiera en sueños. Pero el que no se consuela es porque no quiere, y me conformo con creer que la dignidad la mantuve a salvo aquel día. Eso pienso, todavía hoy, cuando por el pueblo me cruzo con Paco, que hace años cerró el puesto, sin saber el hombre que por allí pasó un niño que aprendió, en su kiosco, a no echar mano de lo ajeno, aunque sólo fuera por no sentir ese maligno cosquilleo que se atraviesa en el estómago. Y es así como va uno conociendo sus limitaciones, a golpe de estilete con nosotros mismos, pero les juro que al final termina compensando, aunque vayas para casa con los bolsillos vacíos, si llegas, claro está, con una sonrisa en la boca y la conciencia bien tranquila…

martes, 24 de noviembre de 2009

Como para quejarse...

Si Dios existe está bien claro que no se ocupa de nosotros. Eso debió pensar Rom Houben, una persona que, tras 23 años en coma por un accidente de tráfico, declaró haber estado consciente todo ese tiempo. Imaginen por un momento el horror de percibir a tu alrededor toda la plebe dándote por fiambre y tú con las orejas puestas, siendo testigo mudo de médicos frivolizando con tu suerte y amigos que poco a poco iban faltando a la hora de visitas. No debe ser fácil aceptar que por más que uno grite o lo intente, nadie vira la cabeza, debe ser jodido…
La noticia cayó en mis manos a media tarde, navegando a la deriva por el universo Internet, ese que me tiene atrapado delante de la pantalla de mi vieja computadora. Quedé perplejo, admirado de tan macabro ejemplo, buscando la manera de entender cómo el cérebro solito, viendo el cotarro, no entonó el “apaga y vámonos” y chapó el invento. Pues no, sucede que lo mantiene ahí, vivito y coleando, vamos, ni una cosa ni otra, entiéndame la gracia, con los tornillos desparramados, pero con la antena puesta, sintonizando la cantinela más triste que un humano pueda sufrir en carnes. Ya no te digo la impotencia del chaval, que más de una vez habrá hecho fuerzas para soltar un manotazo al típico soplagaitas de turno que suelta la gracia, porque les aseguro que a todo se acostumbra uno, incluso a estas cosas, que he visto energúmenos soltando chascarrillos en entierros y gracietas a destiempo. Y con eso y mucho más le tocó convivir al tal Rom, desgraciado entre los desgraciados, por decir algo…
Y lo peor no es eso. Lo chungo viene siendo que la iglesia se anda apuntando el tanto de la resurrección después de 23 años, que manda huevos, pensará el inglés, que para vivir así mejor recoger los bártulos y tirar para el otro barrio, habemus corpus mediante. Vamos, que estoy seguro que lo primerito que hizo el chico tras salir del coma, fue soltar un corte de mangas a todo cristo, allegados y sotanas incluidas, y con razón, oigan ustedes, que para eso ha tenido tiempo de sobra de valorar a justos y cretinos. Porque no me digan a mí que no es una gran putada estar veinte años escuchando tonterías y despertar para encima tener que ir dando las gracias, como si nada hubiera pasado; que venga Dios y lo vea. Ni me imagino en su pellejo, con la de veces que me he levantado de la siesta de mala leche sin motivo. Como para irse quejando amigo, como para irse quejando…

lunes, 23 de noviembre de 2009

Formas de agradecer...

De vez en cuando viene bien vencer la pereza, aunque sea Sábado y la modorra de la sobremesa haga mella en las ganas de hacer nada. No soy yo precisamente ejemplo de batallas ganadas al hastío, pero fue el caso este fin de semana. Me eché unos euros al bolsillo, me calcé la ropa de entrenamiento y me lancé a disfrutar de la ribera del río Guadalquivir una tarde cualquiera de Otoño. Fue toda una experiencia. Y es que si uno no adolece de algo, hasta el punto de convertir la virtud, a veces, en defecto, es de ser observador. Y claro, mis sentidos se embotaron con tanto donde poder echar el ojo. Los niños correteando detrás de la pelota, enamorados jóvenes sobre el césped dando la razón a la poesía de Don Gustavo, turistas anestesiados por la mezcla de colores en el horizonte, ese encanto de cielo que sólo Sevilla sabe parir en Otoño. Fue un trayecto agradable, desde luego que lo fue…
Pero lo mejor me estaba esperando al final del río, al acercarme por detrás a un hombre que tenía allí echada la caña esperando paciente el tintineo del sedal. Inocente le pregunté, -¿Pican?... El hombre giró la cabeza, sonrió tras su barba y torció el gesto, dejando entrever que la cosa no prometía. A punto de marchar, llamó mi atención y me preguntó por Rafael, el frutero. Quedé perplejo. Me resultaba familiar su voz y pronto caí en la cuenta. Se trataba de Don Esteban, profesor en mis primeros años de facultad, ya jubilado, padre de Amaya, compañera de fatigas en mi etapa comercial, a la que le tenía perdida la pista. Le estreché la mano y me senté a su lado, honrado por tener como fiel lector a una persona tan auténtica. Le recuerdo en clase con el puño alzado y el corazón en vilo, como los guerreros que nunca dejaron de serlo, y eso me enamoraba…
No tardó en preguntarme con ojos de adolescente sobre montones de las historias que en este espacio les he relatado tantas veces, por Antonio, el camarero, por mi familia, por mis amigos, por infiernos, tsunamis y hasta por mi perro, lo cual daba buena cuenta de su afición por estas líneas…
Disfruté al verle enamorado de mis cuentos, al hacer como suyas cantinelas que nacieron en noches solitarias, escuchar su carcajada al recordar mis sátiras contra los poderes políticos y los hombres de mentira. Quedé embobado al comprobar que daba la tabarra a Amaya para que le pusiera mi página y deleitarse con la música que tengo escogida. Al poco, torpe en mis gestos, le volví a estrechar la mano y caminé tras mis pasos, pensativo y abrumado. Y es que sólo por escucharle unos minutos hablando de mis fábulas han valido la pena todas esas noches en vela dándole a la tecla. Porque no existe mejor reconocimiento que el que no esperas, Don Esteban, y usted, igual sin quererlo, me lo ha regalado a la orilla de mi río favorito, y si no es con estas letras, permítame, no sabría otra manera de agradecérselo…

jueves, 19 de noviembre de 2009

Don Rafael, el frutero...

Hoy quiero traerles al arrumaco de nuestro fuego una historia digna de ser contada. Tengo por buena costumbre últimamente departir con Don Rafael, el frutero de mi barrio, sobre cualquier cosa que venga a cuento. Un día fútbol, otro día es política, algunos sobre pura filosofía, de vida, claro, porque en eso, créanme, es una eminencia. Ocurre hasta que el pequeño dispensario se le llena de marujonas y con un leve guiño me despide, y así viene ocurriendo desde hace tiempo. Don Rafael es un hombre recio, de los de antes, con el mentón pronunciado y las manos gruesas, herencia de otro tiempo donde cultivaba su propia huerta. Peina canas pero conserva el pelo, como él dice, blancas como su corazón, sevillista y libre. Tiene guardada una sonrisa y un consejo para todo aquel que asome, y es que se conoce al dedillo las propiedades curativas de su fruta. Que si usted anda cansado, sus naranjas, la mejores; que si la señora tiene mal las articulaciones, manzanas y peras de agua, no lo dude. Tan bien lo hace que uno sale de allí convencido de lo que se lleva, además de llevarte de regalo una sonrisa, su sonrisa, gesto apreciado por todo el que le estima, pues lleva vendiendo fruta, en el mismo puesto, casi cincuenta años. Siempre con su esposa, hasta que se la llevó el cáncer un frío invierno, pero Rafael no perdió jamás las buenas maneras y las ganas de vida, y eso le hace grande entre los grandes, y testigos somos todos los que allí acudimos cada mañana…
La casualidad quiso que, desayunando en una pequeña taberna que hay al lado de su puesto, el camarero y dueño, compañero de mili de Rafael y algo más que un amigo para nuestro protagonista, me hiciera una confesión entre café y café. Al parecer, desde hacía dos años, desde que su mujer faltaba, Rafael iba a tomarse el vinito a su bar, los Viernes tarde, como premio a una semana dura. Y cada Viernes, Rafael, solemne, le pedía al dueño permiso para hacer desde allí una llamada. -Era corta, él no hablaba, me extrañó desde el principio...- me dijo el dueño. Y fue cuando un día decidió, al irse Rafael, pulsar sobre el botón de rellamada, extrañado por tanto misterio…
Tenían que ver sus ojos brillantes. Me comentó que aún le temblaban las piernas al recordar al otro lado del auricular la voz de su esposa, la de Rafael, que hablaba, con voz joven, de dejar el mensaje después de la señal. Entonces entendió que Don Rafael llamaba a su propia casa para escucharla, cada semana después de la copita, aunque fuera sólo una grabación de contestador, pero probablemente la única manera de sentirla cerca, al menos un momento, suficiente para seguir adelante. Es quizás por eso que nuestro héroe no ha perdido la sonrisa, es por eso, y por mucho más, que Rafael, el frutero de mi barrio, tiene mi eterno respeto…

martes, 17 de noviembre de 2009

Harto de rollos...

Si usted anda por ahí con el culo cagado porque no le da para rollos, ni de unos y de otros, escuche la buena nueva de nuestros líderes que aquí les traigo como bronce en paño. La recesión, alabado sea el altísimo, ha acabado… Los pájaros cantan y las nubes se levantan, que si, que no, que Zapatero anuncia medidas extraordinarias para el empleo, que si, que no, que Rajoy cierra convenciones estrechando cientos de manos convencidas. Olvídese usted ya de andar preocupado por hipotecas impagables y abusivos intereses sin beneficio a cambio. El gobierno de nuestra nación promete el oro y el moro, alquileres gratuitos, premios para el nene que encargue, ayudas para aquellos que cuidan de los mayores, becas por doquier y fiestas a porrillo. El pleno empleo ya no es una quimera y el ladrillo vuelve a reclamar manos que lo trabajen. La contaminación es cosa del pasado y los niños aprenden en las escuelas lo que nunca imaginamos, capitales de países, gentilicios y democracia, raíz cuadrada de mil euros y buenas maneras para el recreo y las clases de clarinete. Se terminaron las listas negras y negras que hacen la calle, desaparecen los caciques de barra en los pueblos, allí donde antaño recogían fruta a base de ciáticas unos muchos para lustre de bolsillo de otros pocos. Se finiquitaron las pistolas en manos de hijos de puta que van dando matarile vidas honradas, lisiando familias enteras y aquí paz y después gloria. Ya los barcos pescan donde les place y los truchos se tiran a los cebos, a pares, a pesar de los pesares, porque viene siendo honorable acabar en el plato de un españolito currelas harto de vino, pagador de impuestos y con la cartilla al día, fiel al Estado de Derecho, arrastrando el lomo día sí día también para cumplir con sus deberes como ciudadano.
Que bien se lo tienen montado los cabrones… ahora nos dicen que la crisis ha acabado y que llega una época de esperanza, a buenas horas, cuando el que más y el que menos anda hasta arriba de pagaderos, con ayudas denegadas por falsa burocracia, respirando dióxido a espuertas y sin un miserable bocado que llevarse al gaznate. Y pretenden, encima, que cada dos o cuatro años levante el culo de la cama un domingo para firmarles la papeleta y así seguir agarrados al bollo. Van listos conmigo, pregunten en la siguiente ventanilla, que igual tienen más suerte y les hacen un garabato, pero mientras tanto, escuchen las carcajadas en forma de ruidos que salen de la parte baja de mi espalda y olviden contar con servidor para nada, pues el rollo de papel se me acabó ya hace tiempo, pero la dignidad aún la conservo, intacta, por mucho que les joda…

lunes, 16 de noviembre de 2009

Tuneros y tunantes...

Los que me conocen saben que no soy demasiado de canturreos y bailes trasnochados, pero sé reconocer el buen gusto. No alzo la voz si no es necesario y me disgusta la falta de respeto, a pesar de aquellos que se empeñan en justificar cada panoplia, si no le toca de cerca, claro. Es el caso, fue el Sábado, a eso de las 4 de la mañana, con las brujas dormidas y el gato en su cesta, a esas horas donde Morfeo es el Rey y el silencio su esclavo preferido. Allí me encontraba, tirado en el sofá sin ganas de nada, luchando contra ese insomnio que me persigue con crudeza. Pero justo cuando tenía la pose y sucumbía a los brazos del divino, con trabajito y esmero, unas voces chillonas que venían de la calle me desvelaron con sus cantinelas horrendas y desatinadas. Quedé boca arriba, con los ojos abiertos en plato, esperando que acabara el festival de los tenores para darme al pairo, pero nada. Acabó una, y otra, y otra, hasta que no pude más y acudí raudo al balcón para soltar bendiciones por la boca cual Julieta ante su amado Romeo, que en este caso no era uno sólo, más quisiera. Romeo venía acompañado por Juan Tenorio, Juan de Marco, la Corte de San Felipe el Hermoso, que ni era santo ni hermoso, y la patulea burguesa del Motín del Prado, por si era poco. Allí estaban todos, recitando Cielito Lindo con menos gracia que las niñas de Zapatero, dándolo todo. Y acababan, y volvían. Y No te Vayas Todavía… No te vayas por favó… y todo el repertorio de bodas, bautizos y comuniones aderezados con las palmas de los allí presentes. Eran tunantes, tuneros, o como Dios quiera que se les llame, con media guitarra y la voz perdida, embutidos en mallas indignas y con la capa roída de dar tanto tumbo por las aceras al pasear la mona cogorciana. Ni rastro de aquellos maestros del ligoteo de doncellas, duchos amadores en noches furtivas donde el premio era la conquista y el aplauso. Nobles de espada y escudo grabado a fuego en el pecho. Ya de esos no quedan. Ahora los tenemos bebiditos en mollate y con la bragueta bajada, de ojeras y melena descuidada. Mal vamos amigo… Y para colmo de males, vienen a darme la vara de cuando en cuando, debajo de mi casa, como si el destino supiera que tengo la pluma desgastada de atizarles, a ellos y todos los que deshonran lo que antaño fue santo y seña de hermandades y reuniones. Pero aquí seguiré dando estopa, me dejen o no echar la siesta, pues las tragaderas las tengo anchas pero el estilete bien afilado, que es lo único que me va quedando, después de todo, para dar de refilón a Romeos de cuarta, borregos sin pastores y la santa madre que los parió a todos…

viernes, 13 de noviembre de 2009

De aquellas, de los cuentos...

Les juro por lo más sagrado que la he visto esta misma tarde. Mientras charlaba de quehaceres con compañeras de pupitre y cafés en horas muertas. En mitad de los pasillos de la facultad, a media tarde y con prisa en la mirada. Dándose los últimos retoques al brillo de sus ojos y a su melena recortada, sin escoba ni el encanto de las brujas de los cuentos que leía de pequeño hasta sucumbir en brazos de Morfeo. Allí justo, con el gesto torcido y la voz inquieta por la fatiga de no llegar a tiempo a donde fuera. Y me vino a la mente en un segundo todas las historias de pócimas y hechizos, de esas brujas, las de antes, las que habitaban en bosques encantados elucubrando a carcajada, aquellas que conspiraban en la oscuridad y vestían harapos deshilachados de tanto roce con los ramajes de sendas olvidadas. Y las eché de menos en ese momento, esas reuniones a medianoche a pie de llamas de un fuego extraño, los cantos que susurraban maldiciones y conjuros bajo Lunas llenas de espanto. Leyendas de aquelarres y magia negra ordenadas por diablos y espíritus vagabundos. Las antorchas del pópulo persiguiendo el misticismo, mezclados en miedo y escalofríos por visiones de otro tiempo…
Todas esas novelas, esta tarde, eché en falta, quedando huérfano de fábulas que hacían palidecer, cerrando los ojos buscando el sueño, con las manos en el pecho y la manta hasta la cabeza, inocentes víctimas de letras e ilusiones…
Todo se fue esta tarde al ver aquella bruja, desmembrada de sortilegios, a punto de entrar en clase para representar, quizás, una obra entre alumnos, inconsciente de que allí mismo, sin quererlo, se cargaba de un plumazo tantas noches en vela rezando por no vérmelas con una meiga despistada, de esas finas y maldichas, sin disfraces ni lamentos, de esas que no quedan, de aquellas, de los cuentos …

jueves, 12 de noviembre de 2009

Suscripciones benditas...

Estoy suscrito al National Geographic. No, no se engañen, mi maltrecha economía no me da para una de esas suscripciones caras a la revista del marco amarillo, ni siquiera para darme el gustazo de ir cada mes a recoger un ejemplar al kiosco. Estoy suscrito via mail, que es gratis y te entretiene unos minutos todos los días.
De cuando en cuando mandan un buen artículo, como hoy ha sucedido. Venía acompañado de la foto que andan viendo, “Foto del mes” según reza el epígrafe. Está hecha en Camerún, en el zoo donde Dorothy, la monilla que yace muerta en la carretilla, junto a los demás simios que la observan, servían y sirven para el entretenimiento de todo aquel que apoquine la entrada al circo que allí tienen montado de forma lucrativa. El artículo viene en inglés, pero con mucha paciencia y esmero pude traducirlo, y merece la pena. Al parecer Dorothy era un animal muy querido entre los demás monos, había hecho como suyo un monillo que había quedado huérfano e incluso peleó con los machos por la supremacía de la manada, algo difícil de encontrarse en la naturaleza. Murió de vieja, de un ataque al corazón, y cuenta el artículo que, ese día, la desazón entre los demás monos era tal, que tuvieron que hacer el entierro visible para todos ellos porque estaban más alterados que nunca. Aunque fuera a través de la verja los quisieron hacer testigos para que el alboroto no cundiera…
Algunos chimpancés gritaban agresivos y otros bajaban la mirada viendo el cuerpo sin vida de Dorothy en la carretilla, hasta que entendieron que ya no volvería, cuando la trasladaron del carrito y la introdujeron en una cajita humilde de madera donde quedaría el animal para siempre. Lo más impresionante es que, en ese instante, todos los chimpancés quedaron en silencio, bajando la mirada hacia Dorothy, quizás comprendiendo lo que allí ocurría, quizás despidiéndose de alguien que en algún momento significó mucho para ellos…
Llevo dando vueltas todo el día a la historia y a la foto, imaginarán pues que hoy no podía hablar de otra cosa, porque hay veces que, aunque uno no lo pretenda, la vergüenza y la rabia se unen para buscar soluciones a todas las calamidades que permitimos en este mundo para con nuestros hermanos, los animales. Así que aquí me tienen, con media lágrima y ninguna gana de hacer nada más que poner letra a este milagro, y todo por una bendita suscripción gratuita, quien lo diría…

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Quédate en casa...

Pero si a usted le da por pensar que su vida es jodida quíteselo de la cabeza. Aún podría ser peor, y es que a un señor brasileño de 59 años, hace una semana, lo dieron por fallecido en un accidente de tráfico e incluso los familiares, aún con dudas, reconocieron el cadáver y cargaron con el muerto, nunca mejor dicho, para darle santa sepultura y pasar a otra cosa. Hasta ahí normal, pero imaginen las caras de los presentes en el sepelio cuando al hombre, que le habían comentado el suceso, le da por aparecer medio borracho en su propio entierro para aclarar el malentendido. Por lo visto había estado toda la noche dale que dale a la cachaza y cuando se quiso dar cuenta le habían hecho el parte de defunción, con cajita de pino y flores incluidas en el lote. La cosa es que le dieron matarile antes de tiempo y habían metido en el agujero algún pobre diablo semidesfigurado. Haga caso Almodóvar si le hace falta un guión para ganar unos duros, porque ahí no termina el cotarro. Aclarado el asunto y aliviado el susto, al personaje le da por irse a casa a dormir la mona y se encuentra con que el piso alquilado en el que malvivía estaba ya vacío. Vamos, que el dueño, harto seguramente de la vida cogorciana del fenómeno y de algunos meses sin pagar, no se lo pensó dos veces y ¡albricias! Que ha palmao!! Pensaría. sólo se le ocurrió tirar rápido para el agujero, el otro, y quemarle al desgraciado la ropa y hasta el colchón donde dormitaba. Ojito con la estampa del muchacho dado por muerto, con resacón del quince y sin una muda para ponerse y alejar olores nocturnos. Vamos, niquelao…
Juergas que cuestan caras, aparte del descojone mundial que ha supuesto el caso, tanto que ha llegado hasta mis manos y aún me deshuevo al imaginar la cara de la familia al aparecer en el camposanto medio trastabillado, oliendo a zorruno, sin ropa, sin casa, y con los papeles arregladitos para darle el recado a San Pedro. Así que casi mejor que aproveche los trámites y que casque de verdad, no vaya a ser que le reclamen daños y prejuicios el cura y los enterradores, tenga que pagar los macabros avios y hasta los gusanos le pidan ahora subvenciones por el agravio de dejarlos desmayaos. Vamos, pa estarse quietecito en casa un Viernes noche…

martes, 10 de noviembre de 2009

Pesadillas...

A veces las pesadillas vuelven a nosotros en forma de pensamientos que mutilan un tanto si cabe lo que nos quede de dignidad, golpeándonos donde más nos duele. Y hay poco que hacer más que aprender y girar de rumbo, no vaya a ser que naveguemos eternamente entre tormentas y tempestades, lo cual lleva irremisiblemente a la zozobra de nuestro único navío...
Fue ya hace unas semanas y no he logrado desligarme de la imagen. A la puerta de un pequeño supermercado, un Sábado soleado aunque frío, de esos de Otoño, allí permanecía la protagonista de la historia. Una mujer de aspecto joven, limpia, con pantalón vaquero ajustado, zapatillas de deporte y chaleco atado a la cintura, como las niñas buenas que vienen de echar el rato con sus amigas sin maldades. Morena, de cuidada piel, con el pelo recogido en una cola pulcra y sencilla. Allí estaba, mirando a los ojos de los que entraban y salían, de pie, sin decir nada, mientras tendía su mano derecha con la misma naturalidad con la que cualquiera de nosotros la alzamos de pequeños para pedir calderilla a nuestros papaítos. Me sorprendieron sus ojos, encendidos en vergüenza, quizás por tener que insistir en aquella puerta, pidiendo para lo que fuera, que no es poco. Parecía tan normal que asustaba….

Y uno cae en la justificación rápida de creer que quien arrima la mano es siempre para malgastarlo en necedades, y así transcurrí por los pasillos del supermercado, junto a mi padre, intentando aliviar de alguna forma ese contraste inesperado, lo que parecía una niña “bien” pidiendo en silencio…

Pero aún no había terminado de llenar el carro mientras mi progenitor pagaba cuando pude percatarme que la chica hacía cola dos posiciones detrás de nosotros, sosteniendo entre sus brazos una caja de galletas, la más barata, y un bote de leche en polvo para bebés. No reaccioné, quedé perplejo…

Y me culpo, vaya si me culpo, pues me fui de allí sin más, con el carrito lleno de porquerías y el corazón sucio y triste. Quedé ensimismado, como uno de esos sueños en los que te ves incapaz de alcanzar a hacer lo correcto y despiertas aturdido, solo que, ésta vez, era real...

No vendrá a suceder en mí tanta indiferencia, lo juro ante vosotros. Y volveré, vaya si volveré, el primer día que pueda, para pagarle galletas de primera, leche de la cara y hasta algún que otro capricho, por mis carnes, aunque sean los últimos euros que asomen de mi bolsillo. Y hasta entonces, quizás demasiado tarde, no desaparecerá la pesadilla, con suerte…

lunes, 9 de noviembre de 2009

Señores, comienza...

Uno tiene la ligera sensación que las letras le esperan a la vuelta de la esquina como vigilantes cuando los momentos de extrañeza y desespero asoman al umbral de mi existencia. Y parece como si anocheciera antes también en nuestros corazones, por mucho que nos empeñemos en sonreir, pero es que a veces se hace my complicado, no sé si me entienden...
Yo les resuelvo el embrollo, que a pesar de ser sencillo puede trastocarles la paciencia si usted anda algo despistado, o “disgregado”, como dice alguien cercano. Vuelvo a este espacio personal señores, tras un mes navegando sin remolque, como quien deja los remos para comprobar si la inercia que se tiene da para arribar en puertos más o menos decentes. Pero no, y bien que me fastidia andar equivocado, pero es que me acostumbré a caminar con muletas y no soy capaz ya de hacerlo sólo, por mucha voluntad en creerlo que ponga encima de la mesa. En éste tiempo no ha ocurrido gran cosa, echen un vistazo, tan sólo que aquí la mayoría seguimos, de nuevo topándonos de lleno con las noches frías de invierno que dejan escarcha y tristeza, como siempre…
Y usted que lo diga, me diría Rafael, el frutero, experto en poner adjetivos a los días y afinar el ojo cuando le pido cuarto kilo de lo que ronden mis intenciones. Un nuevo personaje, de tantos, que ha venido a cruzarse en mis pasos con la vergüenza y el arrojo de los genios, aquellos que permanecen anónimos y con el honor intacto, elegido por ellos mismos, lo cual les hace más grandes. Y no se me ha olvidado, desde el otro día, sus sabias palabras dedicadas al aire de un cuchitril hecho dispensario de alimentos, --¡Hay que asé lo que a uno le apetezca y le guste…!--, con ese acento cordobés que enamora…
Me hicieron falta unas horas para coger la pluma y ponerme a hacer lo que realmente me hace sentir vivo, escribir… y así será, si les parece, durante un tiempo, porque no está de más darle a los remos si así cometemos la imprudencia de llegar a algún sitio…
Señores, comienza…

viernes, 9 de octubre de 2009

De la mano, llevarte...

En mil acuarelas te ví, paciente, guerrera, pero siempre piadosa a los ojos del artista. Te he recorrido palmo a palmo, respirando vida, que es lo que ofreces, en silencio, humilde. Has visto crecer generaciones, siendo testigo de sonrisas impagables y momentos inolvidables, desde el abrazo sincero de una madre hasta la mirada más tierna del que te observa abrumado. Y tú, fina, mostrabas siempre tu mejor retrato, sin ser nunca el mismo, como los sabores que elevan el espíritu, no creíbles para quien no los experimenta…
Sobre tu cuerpo han paseado héroes, grandes poetas que te susurraban mientras tu escuchabas la prosa que relata el viento, haciendo tuyos los misterios y leyendas de muchos que no se atreven a perderte en la memoria. Has cobijado al hambriento, al desalmado, has suspirado por amores de otro tiempo y tormentas que se lo llevaron, solitaria…
Siento cerca tus caricias, aún siendo lejos, porque curas cuando tocas y besas sin saberlo, a pesar de tus garras y tu furia, ardiente descaro para muchos, bello desdén entre mis dedos, pero dejarme decirte, que sólo aspiro a alcanzarte, fiel a mis deseos, porque apareces si te busco, más allá de inviernos y disculpas. Amada permíteme contarte, que hoy te quise recordar, pues permaneceremos alejados tiempo, mas queda el consuelo, el consuelo de dejarte en tu playa, distante, serena, y aún así, entre mis letras, de la mano, llevarte…

lunes, 5 de octubre de 2009

No se fien de las ratas...

Nada es lo que parece. Aunque usted tenga la sensación de vivir en un mundo medianamente libre, con la mirada puesta en unos objetivos alcanzables y supuestamente razonables, a su alrededor habitan submundos que asustan al más pintado. Con mirar a otro lado y seguir el camino tiene bastante, pero si un día le madruga la ventolera y se propone saltar al vacío, acérquese a uno de esos lugares donde la realidad torna en infierno y todas las cosas que parecían amables se convierten en la peor de las pesadillas. Así está el patio. Pero no preocupe, a todos nos llega el momento de librar la batalla contra nuestra propia paciencia y rozar los límites de la abnegación humana. No queda otra que bañarnos en algún momento en la inmundicia, por más que tratemos de evitarlo. No les voy a engañar, no hay escapatoria, a no ser que tome las de villadiego y se tire al monte a vivir en un chamizo, opción a tener en cuenta viendo el percalito que está montado...
Posiblemente, a estas alturas del texto, ya haya usted caído en la cuenta, pero intuyo que su mente vuelve a estafarle al respecto. No importa, déjese llevar. Salga a la calle y dé rienda suelta a los sentidos, prejuicios, impresiones negativas, despechos, sinsabores, pues nada puede ser peor, ahora que ya conoce la realidad en esencia de este nuestro mundo. No les seguiré mareando, que ya tienen bastante martirio fuera de estas letras. Si han imaginado delincuencia en mis palabras, vicios, guerras... olvídenlo, no me refería a nada tan importante, lo cual hace más peligroso el cotarro si cabe. Les hablaba de la burocracia de nuestro sistema, la misma que nos inunda de muchos deberes y pocos derechos para terminar firmando abajo, sin que nadie nos explique la razón de tanto papel y protocolo...
Perdonen la brasa, es simplemente que mañana a primera hora seré yo mismo el que aguarde la dichosa cola para que me firmen, me sellen o me rectifiquen el típico trámite de turno, ese que no sirve para mucho más que darnos la oportunidad de volver al día siguiente , aparte de robarnos lo poco de dignidad que nos aporta un sistema tan podrido que apesta, por muy bonito que lo pinten las ratas de ésta, nuestra cloaca...

lunes, 28 de septiembre de 2009

Un Viernes de Otoño...

Me apetece contarles lo que ocurrió en mi vida el Viernes, aunque no acuda a adornarlo de recursos que lo haga más vistoso.
Fue una tarde calurosa, quizás la última antes de que vuelvan las brisas de Otoño, como así parece. Quedamos unos cuantos amigos y nos presentamos en la salida de la Carrera Popular Nocturna de Sevilla, con un ambientazo inmejorable y una sensación muy agradable de deporte en los ojos de los participantes.
Estaba tranquilo, confiaba mis posibilidades, y por delante una única meta, llegar a mi destino, 11 kilómetros delante. La carrera transcurrió por las calles de la ciudad, con mucha gente animando en las aceras y risas entre los que corríamos, con el nerviosismo propio de quien forma parte de algo especial.
No les engañaré, hubo momentos malos, sobre todo al final, viendo ya casi el estadio al fondo por encima de la marabunta de cabezas. Luchaba con todas mis artes contra la fulminante idea del abandono, hasta que decidí superar miedos y excusas y poner la vista en el simple horizonte. Así continué mi último tramo, con la mirada perdida y alma en un puño, pero con la certeza de una victoria cercana.
Al fin entré en el estadio, en esa pista mágica, la misma que hace así como un mes, cuando empecé mi entrenamiento, soñaba con pisar tras un duro esfuerzo inimaginable entonces. No pude reprimirme, sonreí, aplaudí, disfruté como nunca, alcé los brazos y observé emocionado la grada, buscando rostros orgullosos y contentos.
Esa es mi simple crónica de una noche de Otoño, todo un Viernes de Septiembre, olvidado para muchos, pero que será punto y aparte en mi particular cuaderno de bitácora, y que permanecerá en mi recuerdo como un ejemplo de lo que hasta ahora ha sido mi vida, una carrera dura entre zancadillas, sofoco, desesperación, ideas fugaces de abandono y lucha, mucha lucha, aunque sólo fuera por saborear, al menos un día, la sonrisa que dibujé mientras entraba en meta, y es que, ya sólo por eso, hubiera merecido la pena…

martes, 22 de septiembre de 2009

Mi nuevo mundo...

Una semana más pero diferente. Los horizontes son otros y las posibilidades de ser un poco más feliz crecen. Desde hace un tiempo a esta parte me he movido entre arenas movedizas que absorbían cualquier atisbo de ilusión, pero el destino aprieta hasta cierto punto, y la experiencia me ha enseñado a valorar sensaciones que hasta bien poco daba de lado. En esas me encuentro, a punto de terminar con unas obligaciones que han desparramado en mí sangre, sudor y una lágrima, pero sobre todo horas de insomnio y desesperación en la madrugada, por no hablar de tragarme cientos de despertares y estrecheces.
Pues eso parece haber acabado, al menos un tiempo, el justo para poder ensanchar mis pulmones y mi mente para llenarlas de nuevos retos, de nuevas formas de vida, mejores o peores, nunca sabré, pero sí diferentes a las de ahora. Cierro así una etapa que me ha hecho crecer para bien o para mal, con momentos duros y algunos llenos de sentido, necesarios para todo aquel que atisbe encontrarle la gracia a ciertas visicitudes de nuestra existencia.
A todo eso digo adiós, igual que dije despedí la juventud y la adolescencia, igual que volví la mirada a miles de personas que en algún momento fueron importantes y pasaron de largo, en buena ley de vida. Así tiene que ser y así seguirá siendo, pero de una cosa estoy seguro, no dejaré de acudir a estas letras, de cuando en cuando, porque hay favores que no se agradecen de mejor forma que aprovechando la oportunidad en sí misma. Bienvenidos amigos a mi nuevo mundo…

martes, 15 de septiembre de 2009

Sonriendo...

Pero a veces también encuentras razones para la sonrisa. Estaba sentado a mi lado en la cafetería, de corbata bien planchada y raya de camisa dispuesta, blanca, como el primer día. Miraba a todos lados intentando identificar quizás un gesto cómplice y humano entre tanto trabajador angustiado. Parecía esperar mientras absorbía con dulzura el zumo que le habían servido. Me pude fijar en sus zapatos, gastados de desventuras pero relucientes a la vez que humildes. Su corte de pelo, un desafío a la gravedad, símil, pensé, de su paso por este páramo de existencia. Su perfecta pose le hacia digno, sin más razones que la intuición de uno mismo, pero no dudé que acertaba en mi descripción dedicada en ese instante.

Al poco llegó la madre, tierna, de las de antes, de fina estampa y mirada reveladora, buscando entre todos a su hijo, nervioso entre tanto. No hicieron falta palabras, sólo un beso y una caricia, a lo que el chaval correspondió cariñoso. Me pude percatar al momento. Él era sordomudo, y fue Antonio quien me corroboró la historia, la historia del chico sordomudo y deficiente, querido por todos en el barrio, que supo luchar contra el destino y lograr su primer trabajo en estos últimos días de Verano. Allí había venido la madre a recogerlo, y yo como único testigo privilegiado de tal milagro, con el café a medio tomar y el corazón encogido. Salieron por la puerta como si nada, abrazados, mirando al frente como los grandes, y allí me dejaron, sonriendo…

lunes, 14 de septiembre de 2009

Ánimo compañeros...

Hoy siendo Lunes es menester que pase la mano sobre el hombro de una tripulación que no descansa aún habiéndose batido en corso con bucaneros de indigno estilo y sucia estampa, conscientes de las tempestades que aún están por llegar, sin visos de islas paradisíacas ni tesoros abundantes. Hoy quiero animarles porque hay signos para la conquista de lo verdadero y así lo creo firmemente. No debe ser casualidad, si entre tanto navío corsario, de un tiempo a esta parte arriban a nuestro casco signos para imaginar la tierra prometida…

A todo aquel que ande perdido a merced de los peligros del vasto océano, a todo hombre o mujer que haya sucumbido a la marea y haya postrado los remos, navegando a la deriva. A vosotros os digo, que tenéis en nuestro velero un cabo donde amarrar vuestras esperanzas, al buen rumbo de los que unimos nuestras fuerzas contra el poder impuesto, defendiendo libertad, tan cercenada por la espada de débiles de corazón y vergüenza. Pues si existe un lugar donde los sueños dejan de ser imposibles y los milagros siguen sucediendo, esa es la mar, tumba de héroes anónimos que perviven en la memoria de cada uno de nosotros, cuna de almas divinas y poderosas.

Honorable tripulación, con fe os digo, que no os mate el tedio, que no os coma la pereza, luchad contra vuestras carencias, y disfrutad de vuestro viaje, cada brizna, cada segundo, y es que no sabemos si existe otra vida, mas con ésta es suficiente si sabemos gobernarla, y ya el viento, palabra de almirante, vendrá a rescatarnos, a pesar de piratas y tormentas…

jueves, 10 de septiembre de 2009

Que se quiten los de Disney...

Está causando revuelo en yankilandia la foto tomada por un turista en un parque natural de esos que abundan por aquellos lares. En ella se puede ver claramente a Timón y Pumba dando un paseo por la espesura. Nunca sabremos si es casualidad o montaje, pero la mera instantánea me hace reflexionar sobre el hecho improbable de que algunos personajes de ficción, mediante algún invento morfoquímico de inverosímil valor experimental, tomaran forma real y los tuviéramos correteando por las aceras y los tejados como alimañas coloreadas. Ya imagino a Zapatero subvencionando madrigueras de protección oficial y a Rajoy criticando los abusivos impuestos para poner alpiste a los bichos. No cambiaría mucho la historia. Si acaso, todo sería más divertido. Porque no me negarán que tener al Pato Donald delante en la cola de la fruta, con esa chaquetilla azul y sin pantalones, o a Espinete sentado justo detrás en el cine, no sería gracioso. Perros que hablan, peces olvidadizos pero simpáticos, los 101 dálmatas y la madre que los parió dando bandazos, el Oso Yogui robando emparedados, no sé, el ratón Pérez haciendo de las suyas, los trolls con sus babas en la parada del autobús… En definitiva, creo que sería más amena la existencia, y ya los días no serían tan calcados unos de otros.

Aunque uno termina imaginando que no hace falta mucho experimento para tal caso, y es que si uno afina la vista cae en la cuenta de que nuestro mundo está llenito de personajes que no desentonarían en una buena de Disney. Los tenemos a pares, ratas, ratones, Espinetes de tercera, oseznos perezosos, perros de todos los colores y gente pez para tres mares. A unos te los encuentras ejerciendo de jefe, a otros en los escaños del Congreso, en la sala de espera de tu médico de cabecera, en medio de una caravana insoportable...

Motivos de sobra para echar unas risas dando un paseo, animado por la estampa surrealista. Quizás maneras de torear tanto animalito descarriado sin llegar a evitarlo. Pero si eso no les consuela, tienen permiso para pasarle el pato a otro, desde luego, con o sin chaquetilla…

martes, 8 de septiembre de 2009

Por el bien de las habichuelas....

El esperpento tiene nombre y apellidos. Si a uno le da por llegar del trabajo y enchufar un canal de televisión en la sobremesa corre el acuciante peligro de atragantarse con las habichuelas y poner la mesa perdida. Mucho me temo que es una realidad el hecho de que en nuestro amado país triunfan chuflas de campeonato. Sí, les hablo de los programas del cotilleo. La mayoría de los que allí sientan las posaderas no sabe hablar siquiera, otros se jactan de haber estudiado la carrera del galgo, y todos en general alzan la voz por encima de lo que debería estar permitido para cargarse de razón y buscar el aplauso fácil de un público ensimismado con el sainete que allí se representa…


Pero lo peor no es eso. Lo chungo de verdad es que tienen tan poca moral ni vergüenza que se atreven a debatir sobre temas de actualidad como el paro o los impuestos con una naturalidad que asusta. Y todo, por supuesto, regado de una ignorancia y frivolidad propia de seres inhumanos, mejor diría infrahumanos. Sin contar, si cabe, que mienten más que hablan, actitud muy de moda entre políticos y otros animales carroñeros, véase periodistillas, curas y algún que otro vendedor de enciclopedias…


Y te tienes que tragar sin pan el hecho de que emitan programas pseudo-científicos o documentales bañados en moraleja a las tantas de la mañana en uno de esos canales cuyo botón del mando está como nuevo, olvidados por una audiencia que frunce el ceño y zapea ante cualquier Punset de la vida. Así nos luce el pelo…


Aún así, pecando de borreguil mameluco, reconozco que de vez en cuando viene bien dejarse llevar por algún reality o una serie previsible, mas perdonen que les diga, amigos lectores, pero es que llevo media vida escuchando aquello de que el cerebro es como un músculo, que si no se trabaja se atrofia, así que, por favor, concibamos el esfuerzo de decir No a la basura barata, por más que lo cómodo consista en permanecer delante del bodrio de turno. Hagámonos un favor y dejemos de consumir estafas, aunque sólo sea por mantener frescas nuestras mentes, por el bien de las habichuelas o lo que ustedes quieran…

jueves, 3 de septiembre de 2009

Habla el pueblo....

Se me hiela la sangre leyendo los periódicos. Pero con mucho desconsuelo compruebo que la sinrazón habita también más allá de nuestras fronteras, lo cual no sé si me tranquiliza. La tostada consiste en que el señor Gadafi, sí, ese asesino disfrazado de político que cae bien en Occidente, el mismo que sume Libia en una dictadura que cumple ahora cuarenta años, pues ese, ha pagado todas las indemnizaciones habidas y por haber por el terrorista que hizo saltar por los aires un avión que sobrevolaba Escocia hace ya tiempo, en nombre de Alá o de la grandísima imagen del prepucio de su padre. El caso es que dicho terrorista, aquejado de un cáncer galopante, ha vuelto al país donde vivieron sus muertos, siendo canonizado para siempre por los acólitos de un régimen que huele a sarna y a corruptela por todos los frentes. Y todo ello con el beneplácito de nuestros ministrillos de exteriores europeos, complacidos mientras al tal Gadafi no le dé por sentar en la misma alfombra a comer dátiles al dicho animal con nuestros embajadores emperchados hasta la médula. Y hasta aquí el mamoneo, que no es poco…

Aún no he terminado el café cuando mi compadre Antonio se asoma a la foto del especimen y claudica… -“Qué le pasa al moro ese..?”. A lo que le respondo. –“Na Antonio, que tiene dinero para comprarnos a todos…”. Se me queda mirando muy fijamente y me dedica… “Ah, entonces no es moro… entonces es un árabe hijo puta…”. A eso le llamo yo buen ojo, musulmanes de primera y de segunda resumidos en dos frases por un genio de nuestro tiempo...

No fui yo quien lo dije, habló el pueblo, soberano y sabio, y vaya si es sabio…

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Decíamos ayer....

Un verano más que huye, pero éste dobla la esquina despavorido. Y no es para menos. El panorama no hace demasiados méritos para que uno se sienta reconfortado, pero es lo que toca y lo que nos merecemos, indudablemente. Aún así, no empezaré el curso bañándome en las mediocridades de algunos y las lindezas del Ministrillo de turno, que ya habrá tiempo de sobra, créanme, para que la leche se me agrie y la tostada se haga incomible. Hoy quiero hablarles de proyectos, de los míos, vaya, que, salvo raras excepciones, son los que más me importan. A sabiendas, seguro, que ante tan magnánima proposición, más de uno torcerá el gesto, echándose a la boca el egoísmo de uno mismo y elitismo que destila el “tío del blog”. Pero es que me la trae al pairo. Con cerrar la página y pasar a otra cosa tiene usted bastante…


Que me desvío... De proyectos, hablábamos de proyectos. Y es que este año me he propuesto ganarle la partida, con mucho, a todas las barreras, reales o no, que cercenan aspiraciones particulares, tal vez sin grandes pretensiones, a veces sí, pero que siento necesarias antes de estirar la pata. Porque, hagan caso, aquí nadie se queda, por mucho Bifidus y comida en sobre. Espero no vengan a darse cuenta ahora…


Las circunstancias y las letras, y digo bien, las letras, me han otorgado la reflexión que tantos años he echado en falta, y han hecho crecer en mí ilusiones que hasta hace bien poco no existían. Y pretendo cumplir conmigo mismo, que es mucho, proponiéndome alternativas de vida, complementarias con la existencia que acarreo, pero diferentes. Es por eso que durante todo el verano ha rondado en mi cabeza, después de leer relatos sobre travesías a pie, aventuras en la montaña, y, más en concreto, el libro “Guadalquivir”, de Paul Gwynne, la idea de realizar humildemente el trayecto de dicho río, desde su nacimiento hasta su desembocadura, recorriendo todos los pueblos que habitan en su ribera. Una manera más, si quieren, de retornar al reposo y la reflexión que da la naturaleza, mientras que, al mismo tiempo, lleno mi hato de experiencias que me hagan embarcar en mi primera novela, Dios mediante…


Por eso, por tanto que os debo, quería, al menos hoy, compartir con vosotros uno de los retos que mi mente se ha marcado para este año, quizás buscando, a buen seguro, una manera de hacer público mi desafío, para así convertirlo en un compromiso con todos aquellos que tienen a bien asomarse a estas líneas.

Aparte de eso, vengo fuerte y vigoroso, con la pluma bien afilada y los cinco sentidos más dispuestos que nunca a sonrojar al impune que se pasea mientras ahoga, pero también para rendir homenaje con más corazón aún a los que nunca tuvieron unas letras que dieran buena cuenta de su paso por esta ciénaga de vida. Disfrutemos un año más y haced vuestro este refugio de sensaciones, porque así nunca dejó de serlo. Así lo quiso el destino…

lunes, 31 de agosto de 2009

“…Veo los grandes picos con sus cumbres nubladas, pareciendo levantarse hasta el infinito. Oigo la música de los distantes rebaños y de las solemnes campanas de iglesia. Huelo el fragante aliento de los pinos, y cuando todo eso se desvanece, otro cortejo de pensamientos se presenta, recuerdos de hombres que fueron rectos, valerosos y sinceros. Hay alegrías demasiado grandes para ser descritas con palabras, y hay dolores sobre los que no me atrevo a extenderme…”

Comienza un nuevo curso, de éste, mi año, y también del vuestro…

lunes, 3 de agosto de 2009

viernes, 24 de julio de 2009

Ya me cuentas...

“…Te presentarás al universo empapado en vida. Tu llanto llenará de lágrimas los rostros de los que te rodean. Sentirás dolor a la vez que alivio, pero pronto tus pulmones se llenarán de aire y descubrirás un nuevo mundo, jamás imaginado antaño. Conocerás a los tuyos, envueltos en felicidad, acunando tu lecho hasta que decidas. No temas, serás querido y mimado, por tantos que te esperan y otros muchos que aguardan tu presencia. No dejes nunca de creer en tus actos, que ya el viento se ocupará de dejarte lamentos y sinsabores. No te olvides que vas para volver, pero asegúrate que otros tengan tu misma suerte, la de nacer como tú lo hiciste, entre corazones dispuestos a amarte y mil razones humanas para defender tu existencia. Así que de tí depende ganarte la estrella... Al final del tunel nos vemos y me cuentas como te ha ido…”

Y es que hay conversaciones que uno no recuerda pero que sabe que las ha tenido. El domingo hago veintisiete años… apenas un suspiro…

miércoles, 22 de julio de 2009

Almirante y marinería...

Quiero ser almirante de aquellos que no lo tienen y precisan, jefe de ejércitos que han visto pisoteada cualquier oportunidad de existencia loable, espada inmisericorde para los que humillan almas vestidas en nobleza… Hoy quiero presentarme ante vosotros, los malos y los buenos, los cobardes y los auténticos, y gritar a los cuatro vientos una lucha que acabará cuando el último resquicio de inmoralidad huya despavorido o muera. Ya no tienen escapatoria los que justifican su vida por un apellido, los que osan maltratar ejemplos vitales de este bendito universo. No haremos prisioneros de la indecencia, por muchas súplicas que lleguen a nuestros oídos, así venga su Dios a implorarnos clemencia, ahora que saben de su suerte…

Actuaremos en silencio, con el corazón en vilo, como héroes convencidos, con la Justicia por bandera y los bolsillos llenos de valores, con el puño apretando el estilete, mirando a los ojos de los indignos, haciendo nuestros gestos venerables, propios de caballeros dedicados a una guerra más que necesaria…

Y pobre del pirata que cruce ante nuestro navío batido en corso, no ofreceremos jamás rendición alguna. Permaneceremos fieles, faciendo desacato a quienes hieren de mortal necesidad atisbos de esperanza. Y entonces nos temerán, vaya si nos temerán, pues venimos de curtirnos en mil batallas, de esas que dejan ríos de sangre y mucho pudor maltratado. Antaño nadie se acercó a comprobar nuestra desdicha, y es ahora cuando llega la revancha de los que no tienen nada que perder y mucho por lo que luchar...

Propongo, devota tripulación, audiencia de mis letras, dejar de rendir pleitesía a quienes nos ahogan, esforzarnos en decir lo que pensamos y sentimos a quienes juegan impunemente con nuestro destino, enseñarles vergüenza y miedo. Os lo dice un almirante sin espada, mas de pluma firme, cruel, y, a veces, alentadora, enemigo de las medias tintas, dueño de sus palabras y sus silencios, pero, sobre todo, orgulloso de su leal marinería, ganemos o perdamos esta guerra….

martes, 21 de julio de 2009

Martes 22 de julio de 2008

Ya ha pasado un año desde que te fuiste. Debo reconocer que no ha sido un camino de rosas. He tenido que volver a empezar de cero sin tí, he soñado más de cien veces que seguías aquí conmigo... Ver la cara de asco de la gente al ver lo que dejaste.... Por sus caras y sus palabras he descubierto un nuevo método de clasificarlos. He derramado mis lágrimas en silencio sobre la almohada. He repetido el momento un millón de veces en mi cabeza y aún sigo sin saber donde estuvo el error.
A veces, mi cerebro me engaña y me hace sentirte, me picas ,me lates,me acaricias y te miro... pero no estás. Solo tu ausencia...
Reconozco que nunca te eché mucha cuenta,pero ahora que no estás te pienso cada día. Ha cambiado todo desde hace un año. Ya no trabajo allí, en invierno ya no uso chanclas... Pero te juro que algún día volveré para verte. Tú seguro estarás ahí, junto a la orilla, mirando al mar, en el mismo sitio que te ví por última vez junto a Suso.
Ya solo me queda decirte que, aunque parte de mi felicidad se fué contigo, sigo luchando para que no se note, y que siempre estarás aquí, sin estarlo....

by Raúl

lunes, 20 de julio de 2009

Volverán a buscarme...

“…Volverán a buscarme… porque les he escuchado llorar hace un segundo, por toda una vida que llevamos juntos… Volverán a buscarme, de aquí no me muevo, por más que el sol caiga a plomo y la gente me mire con tristeza… Vendrán para abrazarme, para jugar como siempre, no pienso inquietarme… porque volverán a buscarme… y borraremos de la memoria el descuido, por mucho que ahora tiemble mi estómago de hambre, por más que me grite mi conciencia… Volverán a buscarme… porque me gusta verme rodeado por ellos, porque un despiste lo tiene cualquiera... y yo quiero perdonarles… Volverán para amarme, por tantas noches durmiendo a su lado, por soportar rabietas y caricias… No me moveré hasta que no aparezcan, porque lo harán, estoy convencido, por las miles de sonrisas que compartimos, porque éste calor me está matando y nadie se acerca a preocuparse… volverán, estoy seguro, porque no creo en todas esas historias de perros olvidados en cualquier parte, porque prefiero morir en una cuneta a permanecer sólo… Volverán, aunque sólo sea por los niños, por dignidad, por caridad, por lo que más quieran… Me han engañado...

Ya no quiero seguir respirando, me han dejado en ésta gasolinera, a pesar de todo… y, aún así, los echaré de menos…porque ya no volverán a buscarme, aunque cien veces me repita, pero aún conservo sus recuerdos y sus gestos, suficientes para emprender mi último viaje, allí, donde nadie es abandonado, en el cielo de los animales… “


jueves, 16 de julio de 2009

Un día en la Selva...

Están los guepardos, rápidos y temibles, con sus garras afiladas a la espera de cualquier presa inadvertida. Jamás los verás de frente. Llegan sin avisar, pero cuando menos esperas los tienes echando su aliento en tu hocico mientras huyes despavorido, y sólo consigues, como mucho, apartarte para que enfile a otro desgraciado de patas cortas y lento reflejo. Después te encuentras a los antílopes, veloces y traicioneros, siempre a la espera del menor descuido para acecharte. Salen de la nada, su perfil fino les permite descubrir huecos donde nunca los hubo, y eso les hace peligrosos, a no ser que tengas mil ojos en la espalda… Intentas manejarte en tu senda, pero sólo haces atisbar movimiento y dejas de existir de la presencia de nadie. El silencio es sospechoso, la paz tenebrosa. En segundos puedes destapar amenazas jamás imaginadas, tantas veces vistas lejos pero tan cercanas… y no haces sino estar alerta a cada susurro, por más que la calma reine en tu camino. El Sol es testigo de tanto desencuentro, cómplice de los que aprovechan las sombras para dar caza, juez implacable de los que yacen en el desierto… Es lo que tiene la jungla, muerte a la vuelta de la esquina, lamentos en cada ladera, pero de cuando en cuando aparece un oasis en medio de la nada y refrescas un rostro curtido de tanto perseguir y ser perseguido. Pero las treguas acaban y la lucha comienza de nuevo, hasta el próximo oasis, quizás el definitivo, y sueñas con abundancias y descanso, con cariño y aprecio, pero tornas al instante a la pesadilla y aprietas el puño, por el bien de tus fauces… Y entre tanto, acto reflejo de tus músculos, en la lejanía del horizonte divisas un elefante, de esos enormes e inofensivos, y corriendo quedas a su sombra, aliviado de tanta soledad bajo el mismo cielo, confiando en que sus pasos te lleven a casa, la de los sueños y las abundancias, hasta el día que toque de nuevo salir en la espesura y jugarse los cuartos con alimañas de cuidado, con esos seres indignos que dejaron de amarse en el momento que pusieron un volante en sus manos... y es que, amigos, no se me ha ocurrido otra forma de contarles mi regreso a casa por carretera, a sabiendas de la injusticia que cometo con los animales por mi discurso, pues queda bien demostrado cuán peligrosa es ésta, nuestra selva, pero más aún lo poco que nos respetamos, y de eso no tienen culpa los otros animalitos…

martes, 14 de julio de 2009

Tomen ejemplo...

Entre los genios que se van y los mediocres que se quedan, uno tiene la sensación de estar navegando a la deriva entre veleros de mucha eslora pero limitados de vela. Muy de cuando en cuando, en ese canal de televisión marginado que es la 2 de Televisión Española, proyectan un documental sobre Marinaleda, milagro entre los milagros. Ya les he hablado mil veces del asunto. Un pueblo de Sevilla de unos dos mil habitantes, con mucho campo aunque pocos recursos, pero con unos habitantes que siguen a su líder ciegamente, el alcalde Sánchez Gordillo, defensor de las igualdades sociales y unos derechos básicos inalienables. Nada de grandezas, simplemente una vivienda, un trabajo digno, unos servicios comunes…

No les hablo de grandes utopías, sólo de artículos recogidos por los Derechos Humanos universales que no se llevan a cabo en la mayoría de la geografía de éste nuestro país, pero que en ese pueblo cobran forma y se materializan…

Y yo, que siempre ando comparando, miro hacia mi pueblo, Villarrasa, y caigo en la cuenta de que alguien nos anda engañando. No me trago que un terreno de cien metros cuadrados pueda valer 20 kilos, no me creo que los jóvenes sean los malos de la película, no me cabe en la cabeza cómo pueden permitir decenas de casas vacías cuando hay muchas familias que no tienen donde caerse muerto. Más si cabe con un ejemplo como Marinaleda ante las narices…

Nunca fui de medias tintas, y tampoco de creer en la mala fe de algunos a las primeras de cambio, pero no dudaré un segundo en empuñar mi pluma y mi espada si advierto aprovechados y mentirosos. Mis obligaciones me impiden ahondar más en el tema, pero desde la distancia permaneceré latente y observador. Y es que, cuando vuelvo a mi pueblo, arden mis carnes al comprobar que todo sigue igual, pero peor, porque el paso del tiempo tendría que hacer mejorar a quien lo merece, por más que se empeñen en lo contrario algunos que dicen ser fieles al progreso pero que olvidan al más necesitado de oportunidades fuera del periodo electoral...

Siento mi desvergüenza, pero en eso consiste una terapia, en vomitar los sinsabores que recorren unas tragaderas hartas de tanta mentira, en gritar justicia cuando mi corazón percibe una desidia que, lejos de enrabietarme, me entristece, y es por eso que no cesaré en mi empeño de sacudirlos de vez en cuando para que espabilen, por el bien de todos...

viernes, 10 de julio de 2009

Mi pecado favorito...

Soy culpable sin remedio, infiel entre los infieles, por más que mi conciencia me inunde a reproches, pero es que mil veces mis sentidos ganan la partida a mi paciencia... Lo siento, me enamoro a cada instante y no puedo evitarlo, casi sin pensarlo, casi sin quererlo. Pero antes de hundir en mi pecho lanzas mojadas en veneno escuchen lo que tengo que decirles, sólo unas justas palabras y quizás algún lamento…

Lo sé, me embeleso, con cada paso de mis pasos, en cada momento, no es para menos. Y si no abran bien los ojos, a no ser que anden ciegos, cuando amanece, cuando anochece... escuchen las olas rompiendo en playas de arena fina para el tacto, sientan como suyo el aroma a azahar de las noches de verano en cualquier esquina olvidada. Sí, desde luego, culpable, más que culpable. De morir con la sonrisa de un niño, de gritar vida en cada letra, de abrazar cada segundo como el último... No deseo ser inocente, inocente de no hacer nada, de pasar de largo, de vestirme despacio y acostarme antes de tiempo. Llévenme preso, por jurar lo injurable, por llorar desconsolado, por gastar carcajadas sin conocimiento... pero no me quiten lo único digno que me queda, una vida bañada en libertad, un bocado exquisito a la existencia, un canto bello a éste, mi mundo, mi pecado favorito, cuna de unos pocos infieles que suspiran y otros muchos que no han caído aún en la cuenta…


Buen fin de semana, disfruten...



jueves, 9 de julio de 2009

Confesiones...

Es difícil reencontrarse con uno mismo, más si cabe en los tiempos que vivimos, con tantos quehaceres inútiles y tanta rutina insulsa. Pero a veces, si uno tiene suerte y los cometas se alinean, llega la oportunidad de recrear lo que un día fue mágico para tus carnes, aunque sólo sea por unos minutos, pero suficientes para el corazón de cualquiera. Yo hoy cuento el caso, a sabiendas que ciertas confesiones puedan convertirse en fantasmas del pasado en algún instante, pero os debo justificación a mi dejadez de principio de semana…

Y es que echo de menos aquellos veranos de bicicleta y chucherías en la puerta de Raúl. Añoro la época de los pantalones cortos y sandalias gastadas de tanto caminar por esa calle vacía hasta que la llenábamos de nuestras carcajadas. Recuerdo con cariño y aprecio las largas charlas inocentes de niños que empezaban a vivir y se conformaban con acompañarse bajo un manto de estrellas hasta altas horas de la madrugada. Aún siento esa brisa tiznada de buenos presagios en medio de la oscuridad, o ese repicar lejano del campanario del otro lado del pueblo. Jamás olvidaré los juegos ni las caras, los hermosos gestos ni las miradas…

Intento desde hace mucho esquivar en mi camino ese bello escenario, tan distinto ahora, pero que guarda la misma esencia melancólica de entonces, cuando esa calle fue testigo de nuestros pasos. Y debo confesarles, pues para eso sirve la dichosa terapia, que el pasado Sábado, después de muchas risas y alguna cerveza, no pude evitar volver al mismo lugar de antaño, a sentarme en silencio, dedicar una mirada al cielo y responder con una lágrima a todos los recuerdos que el aroma de esa acera traía de nuevo a mis sentidos… Y allí, sólo, dí gracias por aquello que vivimos y amamos…

Es por eso que me costó volver a escribir esta semana, pues no se me quita de la cabeza la tristeza por un tiempo pasado, mejor o peor, no sé, pero tan humano, tan cercano… que nubla mis mejores historias, por más que junte cuidadas y estudiadas letras, por más que empuñe mi pluma para versos nacidos en esos días en los que morías cuando llegabas a casa y descubrías que todo, a no ser que alguien parase el tiempo, iba a convertirse en un maravilloso y eterno sueño, como así ha terminado siendo…

miércoles, 8 de julio de 2009

Redenciones a destiempo...

Estoy ante la televisión en esta tarde veraniega observando las muestras de cariño al mítico Rey del Pop, tan criticado por sus extravagancias relacionadas con su vida privada. Y uno cae en la cuenta de la inmunidad de la que gozan los verdaderos genios que han pisado la humanidad, y se me viene a la cabeza la historia de Chaplin, de quien se decía que no tenía ni un sólo amigo por su mal carácter, o su matrimonio más que sospechoso con una niña de 17 años cuando él contaba 54 primaveras…

O el excelso Dalí, que se levantaba de la cama cada mañana preguntándose qué genial obra saldría de sus propias manos en ese día, haciendo gala de un egocentrismo fuera de lo común, además de reconocer un exacerbado odio a los mediocres que le rodeaban… Por no hablar de Shakespeare, que ordenó de puño y letra el asesinato de su rival literario Marlowe, según rumores bastante contrastados. O el mismo Einstein, misógino sin remedio, que terminó por decir en una conferencia que una mujer jamás tendría la inteligencia de un hombre, ante la incredulidad y enfado de toda su audiencia. Ya ven, excentricidades que hicieron correr ríos de tinta y que hoy son referencias olvidadas a pie de página, sin más...

Son muchos los casos de genios que llevan una vida desordenada y desesperante. Quizás exista un gen determinante de todo eso, un maldito cromosoma que especifique que las grandes obras de éste universo las ejecuten personas incomprendidas para el prójimo en su misma época, siendo el tiempo el único antídoto para dejar de lado prejuicios y envidias y así poder disfrutarlas como es debido...

Por eso hoy me anima comprobar cómo los humanos de a pie, esos que no vemos más allá de lo que observan nuestros ojos, de cuando en cuando y si no caemos en la abnegación, llegamos a atisbar, aunque muy de lejos, el brillo de una obra que no merece ser saboreada por paladares acostumbrados a morder el polvo de lo cotidiano. Y es que menos es nada…

Mis respetos a los que viven abrazado al arte y mueren en soledad, como parece el caso. Los años y el olvido terminarán por darle la razón, no me cabe la menor duda, porque las verdaderas redenciones siempre llegan, para los genios como él, a destiempo, mas no habrá nadie ya para pedir disculpas, pero es que ya sabemos, amigo, como se las gastan en este cruel infierno...